M. está en el Patio.
Está solo.
Es la hora del Recreo.
Nadie juega ya con él.
Desde el lunes nadie se le acerca ya.
No lo entiende. Solo sabe que nadie juega con él.
Y fue culpa de J.
Le pegó... Le pegó muy fuerte... y mucho rato, y le hizo sangre en el labio, y un moratón debajo del ojo derecho... y además le rompió las gafas... Y ni siquiera pudo correr.
Nunca ha podido... Esas botas son muy incómodas. Mamá dice que tiene que llevarlas, Papá también dice lo mismo... su hermano se ríe todo el rato. Dice que parece Frankenstein, pero con gafotas, más feo aún que el monstruo. Su hermano es tonto, y mayor que él. Es como los demás niños de su clase, pero más grande, aunque no le pega, porque sabe que Mamá le castigaría, pero no pierde la oportunidad de jorobarle, todo el día con lo mismo... Zapatones!! Gafotas!! Feo!!
A veces le gustaría ser grande, y zurrarles a todos, sin excepción... Darles una buena tunda... pero no se atreve... No tiene... no tiene eso... lo que dice su hermano a veces que no tiene... hache y lo que sigue... pero algún día los tendrá... Y todos se enterarán de lo que es bueno... cuando ya no lleve esos zapatones, y esas gafas tan feas y grandotas, y sea más grande que su hermano y que todos... entonces sí que se van a enterar... Vamos que se van a enterar...
J. se acerca.
Le sonríe, pero M. no se fía.
No sonríe amablemente. Algo en su mirada le dice que la cosa no va bien. Además viene con C. y con F., que también sonríen. No le gusta la cara que están poniendo. Si no les cae bien, ¿por qué no le dejan en paz? Quiere que le dejen en paz, pero en lugar de eso le rodean... y J. saca un compás del bolsillo y se lo acerca al ojo. ¿Qué te pasa, Gafudo? ¿Tienes miedo?. Déjame... Tienes miedo, ¿verdad? Si te saco el ojo a lo mejor no necesitas las gafas, verdad? Los tres se ríen. No tiene gracia y M. tiene miedo. Un montón de miedo. Está contra la pared...
De pronto siente un dolor en el muslo. C. le ha pinchado con un cortaplumas. Y M. tiene mucho miedo, y muchas ganas de llorar, pero resiste el dolor. El pantalón ya está manchado de sangre. Y además se ha meado. Los tres se ríen, y F le pega un bofetón, y los tres se ríen mucho más... y J. le corta en la mejilla con el compás, y se ríen y le insultan, y le dan patadas, hasta que paran, y deciden dejarle tranquilo. ¡Maricón! y se van lentamente, riéndose bien alto, mientras M., de rodillas en el suelo, no piensa en nada, pero ve una piedra... la tiene al alcance de la mano, y está muy enfadado, y no puede más. Va a explotar. Llora mucho. Las lágrimas le caen por la mejilla. Casi no ve, y la camisa blanca del uniforme está manchada de sangre, y gime, y...
Coge la piedra, y ve a J.
Los demás niños del patio miran. Todos de uniforme. Y sonríen todos uniformes.
Y M. tira la piedra con todas sus fuerzas, casi sin mirar.
Y al instante J. está en el suelo.
Y los niños de uniforme borran su sonrisa uniforme.
Y J. se mueve muy raro.
Y M. se acerca.
Y J. sangra por la cabeza.
Y convulsiona.
Y el Padre E. viene corriendo con su sotana...
Y mira a M.
El padre E. solo ha visto a M. tirar la piedra.
J. es un niño modelo.
Y ese niño con gafas... no se acuerda ni del nombre...
Coge a M.
Y J. no se mueve ya.
Y dentro de sí, M. sonríe, y se alegra.
Ya no volverán a meterse con él.

Me gusta esta iniciativa que has tenido del blog, amigo Charly. No has pensado en escribir canciones?
ResponderEliminarJoan Miquel
Lo intento, Burusky, pero no me salen muchas cosas que me gusten...
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