viernes, 28 de mayo de 2010

Mentiras Arriesgadas

Eso voy a contar hoy, tal y como decía la canción de las excursiones... o no... porque la verdad es que en todo lo que llevo escrito por aquí he pretendido respetar una máxima: Mentir. No siempre, pero sí a ratos. Mentir por disfrutar, por confundir o por exhorcizar. Por seducir, a veces... pero bueno, a lo hecho pecho, y hoy contaré otro poco de aquello que me libera y trata de entretener... tomémoslo hoy como un esputo, más que como un vómito. O un erupto de esos que no suenan mucho y se escapan sin querer.

La primera cosa que quiero contaros es que hay un momento cuando vuelvo en el tren de trabajar que se repite todos y cada uno de los días en los que vuelvo sentado en el vagón (siempre en el mismo sitio, lo que tiene la neurosis) independientemente de la actividad que me ocupe en ese momento (leer, escuchar música, observar al resto de seres que me acompañan en el viaje haciendo más o menos ruido, o incluso hablar por teléfono... ). Ese momento es cuando instintivamente, o por pura memoria levanto la vista, miro a mi derecha y veo el atardecer caer encima de la autopista que une Barcelona con Sabadell. No sé que me impulsa a mirar, pero llevo observándome un par de semanas (bueno, me miro el culo muy a menudo, pero no suelo observar mis comportamientos rituales) y es automático. Durante unos 3 o 4 segundos observo los coches pasar por debajo y veo el cielo teñido en naranjas o rojos... -aunque voy perdiendo tonalidades, ya que el verano va retrasando el ocaso poco a poco- y algo me agarra el estómago. Ese horizonte de cemento lleno de luces que se mueven en una y otra dirección, esa sensación de eternidad. Es casi glorioso, y como todo lo bueno, dura poco, porque al momento aparece otra cosa delante de la ventanilla y vuelvo a mis quehaceres...

Otra cosa es una reflexión sobre la durabilidad de las cosas. Lo bonito de lo perecedero, y lo traumático. Y lo bien que estamos. Y lo que cuesta a veces centrarse en algo. A mi en concreto me ha costado hasta centrarme en mis motivaciones. Vaya por dios. Ya estamos. Y por eso me gustan los libros y los discos, y los tatuajes, porque por lo general las cosas que nos gustan duran poco, o en mi caso tienden a durar poco, y creo que me cuesta mantener aquello que me proporciona la sensación de estabilidad... y es en esos momentos en los que echo de menos esas cosas estables que nunca llegan, cuando me reclamo un cambio. Pero no soy capaz.

Soy emocional. Soy un amasijo de sensaciones que me brotan constantemente y me hacen dar vueltas en todas direcciones, y cagarla, o no, pero ahí estoy. He llegado al punto en el que pienso que los enamoramientos son un catarro que se pasa como una enfermedad, que la pasión ya no revela nada bueno, porque lo que en un momento te hace un dios, a los 10 días no es más que un erial lleno de espinas que se clavan al menor movimiento, y todo esto se vuelve a repoblar, para que llegue otra tormenta de verano que vuelva a ahogar el bosque y lo plague de nuevo de zarzas y desilusiones... Vaya tela, ¿no? Y yo con estos pelos...

Bueno, espero que el haber titulado este escrito como titulé esta crónica de mis pequeños vómitos no sea una manera de acabar con esto. A veces me gustaría tener las suficientes pelotas como para decirme a mi mismo que soy escritor, que quiero ser escritor, pero no tengo fuerzas... No tengo ilusión por ello. O no más de la que tengo por otras cosas que me gusta hacer, pero no hago del todo bien.

La verdad es que la mayoría de las veces no sé que pensar. 

De todas maneras alguien tiene una copia de casi todos estos textos. Y yo también. Así que si decidiera defuncionar esta "cosa", no todo estaría perdido. Y la verdad, me quedo con las ganas muchas veces de borrar este ideario de vuestras vidas y de la mía propia... 

Y para ir terminando, sigo teniendo pequeñas heridas abiertas que espero vayan cerrando... aunque sea en forma de cicatriz. Me gustaría aludir a gente, y desahogarme a gusto, pero que queréis que os diga. Es mejor mentir, a veces. Y como no sabemos si esto que cuento es cierto, solamente me queda una cosa que agradeceros. Saber dejarme solo cuando lo necesito, o lo merezco. Muchas gracias. Realmente es una bendición...

Buenas Noches.

viernes, 21 de mayo de 2010

SUERTE

Elijo bien, o elijo mal. Elijo sí, o elijo no. Elijo vida, o elijo muerte, tristeza o alegría. Fama y gloria, o abulia y pérdida, amor u odio. Elijo muerte y alegría, elijo sí y elijo mal, elijo fama y pérdida. Elijo esos copos blancos que entran en tromba en mi nariz cada día, y que me dan la felicidad que ansío, llevándome a la muerte, llevándome al olvido, al odio. Elijo el amargo que resbala en mis neuronas a través de un billete enrollado y me hace sonreir.

jueves, 20 de mayo de 2010

SOLEDAD

SOLEDAD: La Soledad intentó calmarle mientras él trataba de huir de sus garras. Poco a poco, él se fue acomodando, y comenzó a sentir el calor solitario que le arropaba, aquel silencio... Pese a que de vez en cuando le asaltaban dudas, Soledad finalmente le doblegó. Le obligó a hacer lo que ella quería, e incluso a sentirla cerca cuando más acompañado estaba, a amarla como un enamorado, y así, al final de sus días, no echó de menos a nadie, ni siquiera a sí mismo.

domingo, 9 de mayo de 2010

Ausencia Meditada

Se despierta. Aún nota la humedad en los ojos cuando se da la vuelta y entorna los párpados para ver la hora. Son las siete. Hace tiempo que no duerme más. No por nada. Simplemente, no puede. O no quiere, pero eso ella no lo sabe.

Mira a la pared. Es blanca. Le transmite esa calma que necesita por las mañanas, cuando le gusta hacer las cosas despacio, incluso el amor. Se levanta con pereza, va al baño y se dispone a prepararse el café. Tiene que ducharse y arreglarse, ir al trabajo, lo normal. 

Tiene los ojos claros y el pelo oscuro. Se sabe guapa, pero no le gusta que se note. Se arregla, va, viene, sale los fines de semana con la gente de siempre, y desde que él no está, todo fluye mejor. 

El amor caducó. No es nada malo, piensa, mientras saborea el café y el primer cigarrillo de la mañana. Caducó y él se tuvo que ir. No es peor que eso. Ella tampoco lo pasó bien, pero bueno, ahí está, con un nuevo horizonte, aunque a ratos echa de menos la presencia, que no a él, solo la presencia, el calor. Pero ya da igual. Él se ha ido, y ella desde este preciso instante, es más feliz.


Imágen extraída del blog Momentos Atrapados, para variar... Snake 1920

sábado, 8 de mayo de 2010

La crítica del antiséptico...

Sí, señoras y señores, con este título de mierda les anuncio lo que viene. Una bolsa de basura rellena de olores, sabores y sustancias desagradables, de revuelto estomacal y vómito... y por si no les resultaba atractivo, de bilis, de la que mi vesícula me lanza directa al paladar. Y eso es demasiado amargor para cualquiera.

Quiero hablar de una cosa muy concreta, con asco, pero quiero hacerlo... quiero hacerlo en petit comité, pero públicamente... no sé si me siguen ustedes, pero lo hagan o no, pretendo que entiendan de lo que hablo: La prostitución del arte, sin que este deje de serlo. Vender el alma al mejor postor. Vender nuestra mierda más preciada pero más edulcorada, para ver si alguien nos la compra al peso. Da igual el medio, la expresión, el canal, el emisor o el receptor, lo que importa es la mierda... ¿y cuánto obtenemos por ella? ¿y a qué precio? ¿Un menú del día?

Yo a día de hoy me vendo por un plato de lentejas... y no de las buenas, si no de las de bote... y en cualquiera de los campos en los que profano y planteo mis frustraciones.... vendo mi peor mojón a quien lo compre, prueba de ello es que he intentado vender dos frases a medio mundo como algo válido, y me he vendido como músico a un mundo al que aunque quiera no pertenezco... y la verdad... y ahí va la bilis, músico soy por méritos, pero aquello de escritor... me lo ha dado el fijarme... No hacía falta ser muy listo para saber redactar.... y yo aprendí. A sumar dos y dos no, pero a redactar...  ya véis... al menos engancho...

¿Qué coño tiene que ver escribir literatura con una redacción bien compensada?¿Qué coño tiene que ver tocar la guitarra con componer una sinfonía?¿Qué puedo pretender de Bukowski, sin tener una formación? Joder, no miro para ningún sitio. No me documento, no investigo, no estudio, no tengo bibliografía, ni casi tengo oído... tengo memoria, tengo arte en la redacción... pero eso para mi no sirve. Hay que tener algo más. Y no tiene que ver con lo que hemos estudiado, o hemos absorbido, o hemos buscado. Tiene que ver con nuestro límite.

Mis fuentes bibliográficas tienen que ver únicamente con mi vivencia diaria, y a día de hoy digo que no tengo arte, tengo oficio, y que dentro de todo ese maremagnum de ideas que me recorren cada cinco o diez minutos (mi cerebro no para de dar por saco), solo un uno por ciento sirve para algo, y eso es muy poco. Y la verdad... me siento inconsistente, pero me da igual. Sigo dando rienda suelta a mi mala baba, sobrio, borracho, y como puedo, y sin más, puedo decir que mi obra es absurda... Dos premios de literatura de púber y un océano de frustración adolescente.

No tengo estilo, no tengo escuela, no tengo editor, no tengo nada. Soy un donador de detritus, de ideas odiosas y perdidas en un mar de flores modernísimas, pero aún así,  considero que tengo una trayectoria que debería vender... 

No sé, no me lo tengáis en cuenta. Este blog es un coñazo, y lo que acontece en él me atañe a mi, y a quién se atreve a leerme, siempre bajo su responsabilidad... y es un antiséptico eficaz contra mis propias infecciones...

jueves, 6 de mayo de 2010

Microcosmos...

"Aquella mañana se levantó con una idea en la cabeza: ¿Por qué no podía quedarse
los recuerdos?¿Por qué seguía atado a aquellas esmeraldas? Quizá porque
después de tanto tiempo, aún la echaba de menos..."

martes, 4 de mayo de 2010

Caperucita Roja

Iba el Lobo por el bosque con su cesta... sin pensar que Caperucita le acechaba desde las sombras, hambrienta y malvada...