sábado, 24 de octubre de 2009

Saturday Night Fever

Un buen amigo mío, cantante, letrista y compositor, me dijo una vez que para escribir sus temas lo primero que intentaba era pensar el título. Una vez que tenía el título, ya tenía todo mucho más claro, y fluía... coño, que si fluía. Recuerdo una canción que empezamos a componer juntos.  Casi me provoca un ataque de envidia de los de ir a urgencias. No por nada, si no porque me di cuenta de que la letra era impresionante (estábamos ambos en un estado emocional parecido) y le fluía sobre la marcha, mientras tocábamos. Iba cantando versos que te ponían la piel de gallina, y los iba escribiendo... Una facultad encomiable, a la par que productiva y fructífera: Van a presentar su primer disco en cosa de un mes.


Y he puesto en práctica la misma técnica para este post, a ver si el título, referencia cinematográfica inenudible, llena de horterez y diversión discotequera, me hace escribir algo cuando menos coherente, que ya es mucho decir, porque lo único que me brilla a mí es la calva, y llevo cuatro días sin afeitarme...

Así que presento mi reflexión de hoy, que va de eso... Hoy es sábado. La calle fluye de personal dispuesto a divertirse, bailar, beber, intoxicarse de diversas formas... Y aquí estoy yo, escribiendo sandeces, escuchando Jazz moderno, y bebiéndome una botella de agua de las de litro y medio... Y todo porque iba a tomar unas cervezas por ahí, pero no he encontrado con quién hacerlo, y me toca esperar a las 12 de la noche, hora a la que llegaré desganado, y probablemente deprimido... Tampoco es que me apetezca demasiado salir últimamente, pero bueno, hoy tenía ganas... Debo estar haciéndome mayor.

Hubo una época en la que mi leit motiv, el motor de mi existencia, era la noche. La juerga descontrolada... y venga, y otra, y claro, vivía de noche, y todo era diferente. Pero últimamente me he fijado en que la vida diurna puede ser incluso más gratificante... y no causa tantos remordimientos. Y creo que esa es una de las causas por las cuales he reducido mis salidas y consumos hasta hacerlos casi desaparecer (no me quitéis un par de birrillas el fin de semana, que me muero). Mis últimas resacas, y viene de lejos, cómo desde Junio, o antes, consistían, y cuando vuelven a aparecer siguen cosnsistiendo, en el consabido malestar acompañado de sentimientos de culpa, asco y autoinmolación... Sensaciones cómo la de que había decepcionado a la gente con la que había pasado la noche, que había dicho cosas fuera de lugar (eso me pasa aún cuando no he bebido, pero pedo sabe peor), que había caido mal a todo el mundo, y que no recordaba casi nada de determinados momentos de la juerga... Y bueno, un par de llamadas me hacían ver que no había pasado nada, que todo bien, Karlos, no te ralles, pero la sensación persistía...

Y alguna vez he estado cerca de hacer daño a gente a la que quiero... verbalmente, no me malinterpretéis... Y decidí pornerle freno a esto. Estudio más, voy al gimnasio, duermo muy bien, y estoy casi feliz conmigo mismo... Pero quedarme en casa hoy... aunque sea hasta las 12... coño, que cambian la hora... Una hora más de noche... Y yo aquí...

Debería echarme una buena novia... bueno, una novia... lo de buena le dejaré en el aire, por si hay suerte. Así tendría con quién salir noches como la de hoy... Pero resulta que estoy apático respecto a las féminas... no me convence lo que veo, y las que me convencen, por una razón u otra son intocables... así que seguiré con mi indiferencia, a ver si en algún momento de mi nueva y diurna vida me encuentro con alguna muchacha que me deje hacerla feliz, y de paso me haga feliz a mi...

Con esto y un bizcocho...

2 comentarios:

  1. Inviertamos más tiempo en vivir de dia y las noches serán mucho más satisfactorias. Lo bueno de las noches es saber dosificarlas. Luego saben mucho mejor, no crees?

    ResponderEliminar