domingo, 9 de mayo de 2010

Ausencia Meditada

Se despierta. Aún nota la humedad en los ojos cuando se da la vuelta y entorna los párpados para ver la hora. Son las siete. Hace tiempo que no duerme más. No por nada. Simplemente, no puede. O no quiere, pero eso ella no lo sabe.

Mira a la pared. Es blanca. Le transmite esa calma que necesita por las mañanas, cuando le gusta hacer las cosas despacio, incluso el amor. Se levanta con pereza, va al baño y se dispone a prepararse el café. Tiene que ducharse y arreglarse, ir al trabajo, lo normal. 

Tiene los ojos claros y el pelo oscuro. Se sabe guapa, pero no le gusta que se note. Se arregla, va, viene, sale los fines de semana con la gente de siempre, y desde que él no está, todo fluye mejor. 

El amor caducó. No es nada malo, piensa, mientras saborea el café y el primer cigarrillo de la mañana. Caducó y él se tuvo que ir. No es peor que eso. Ella tampoco lo pasó bien, pero bueno, ahí está, con un nuevo horizonte, aunque a ratos echa de menos la presencia, que no a él, solo la presencia, el calor. Pero ya da igual. Él se ha ido, y ella desde este preciso instante, es más feliz.


Imágen extraída del blog Momentos Atrapados, para variar... Snake 1920

No hay comentarios:

Publicar un comentario