Aún no entiendo qué sucedió.
Aún recuerdo aquella mirada entre el humo de mil chimeneas pulmonares. Aquel vaso roto en medio del estruendo de mil almas nocturnas. Y tú. Al fondo, casi pared, casi música. Casi amor.
Desapareciste en aquel mismo momento en el que pensé que te había encontrado. Te desvaneciste entre todo aquel caos de músicas sintéticas y drogas vacuas. Pero en lo que duró nuestra mirada viví una vida, o incluso dos, aún no lo recuerdo. Sé que te tuve entre mis brazos, y eso valió por todo aquello que nunca sucederá ni sucedió.
Y al despertar aquella mañana, aún te recordaba, y siempre me culparé por no haber tenido un nombre que darte, por no haberte podido mirar a los ojos sin dejar de decirte que te quiero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario