sábado, 12 de junio de 2010

¿Sabes?

Para todas las que desordenaron una pieza del puzzle de mi alma...

¿Sabes? Aún no lo entiendo...

Y me lo esperaba. Me lo esperaba y lo sabía, todo junto. No me podías engañar con eso. Sabía que ya no te gustaba tenerme cerca, que yo ya no era lo que querías. Sabía que cualquier gesto mío solo podía empeorar las cosas, pero aún así no lo pude remediar, insistí.

Y aquella mañana me desperté y vi tu espalda salpicada de sol. Y la admiré. La recorrí con la mirada como quien recorre los trazos de un lienzo, y la recorrí en mi mente con mis dedos. La forma de tu cuello, de tu espalda... y mientras caminaba por tus desniveles perfectos, fui consciente de que ya no volverías a ser mía. De que yo ya estaba fuera de tu vida, y que, probablemente, ya lo estaba antes de entrar.

Aún así me quedo con lo que tuvimos, o lo que me hiciste creer que hubo. Porque no puedo dejar de pensar en que todo aquello lo habría guardado en un tubo de ensayo, en una caja, en un frasco... con tal de poder revivirlo cada día de mi vida, de poder volver a disfrutar tu compañía...

Lo mejor de todo es que sé que tu no eres la única por la que he sentido esto. No te puedo mentir. Ha habido otras, y habrá más, pero ahora te quiero a tí. Ahora que estoy contemplando tu espalda por última vez, ahora que sé que el adios está a la vuelta de la esquina, tras la puerta, quiero quedarme, porque no me importa lo que ya hubo, y no me importa lo que habrá. Aunque sea mentira, aunque todo, absolutamente todo, haya sido verdad...

Imágen: Kiss de Jakub Wojewoda. Blog Momentos Atrapados

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