Mi compañero de piso nunca ha sido muy pródigo en sus relaciones sociales. De hecho sale poco, incluso de su habitación.
Acostumbrado a este hecho, no me he dado cuenta de que hace días que no le veo, y nuestra casa no es tan grande... Y de hecho, ni siquiera le oigo. Me empieza a preocupar.
Y por fin, hoy, me he decidido a ver qué le pasa, porque ya son días de silencio y ausencia.
Llamo a la puerta de su cuarto y nadie dice nada. Lo vuelvo a intentar... nada. Entreabro la puerta y conforme va entrando luz y mis ojos se adaptan le veo sentado frente a su ordenador. El brillo de la pantalla le ilumina la cara, ya seca... sus ojos tristes fijos en ella...
Me acerco por detrás para ver qué le ha momificado. El monitor entero es una palabra en letras blancas sobre fondo negro: "ADIOS"

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